lunes, 4 de agosto de 2008

Aquel beso duro como un suspiro


Fue un beso casto, tibio, leve, sin embrago tuvo el efecto de una sacudida telúrico en sus sentidos. Ambos percibieron la piel del otro nunca antes tan precisa y cercana, la presión de sus manos, la intimidad de un contacto anhelado desde el comienzo de los tiempos. Los invadió un calor palpitante en los huesos, en las venas, en el alma, algo que no conocían o que habían olvidado por completo, pues la memoria de la carne es frágil. Todo desapareció a su alrededor y solo tuvieron conciencia de sus labios unidos tomando y recibiendo.

En verdad apenas fue un beso, la sugerencia de un contacto esperado e inevitable, pero ambos estaban seguros de que ese seria el único beso que pudieran recordar hasta el fin de sus días y de todas las caricias a única en dejar una huella certera en sus nostalgias. Supieron que dentro de años todavía podrían evocar con precisión el contacto húmedo y cálido de sus labios, el olor del pasto fresco y la tormentosa sensación de sus espíritus. Aquel beso duro como un suspiro.


De amor y de sombra
Isabel Allende

No hay comentarios: